
«No hay que aniquilar al diferente, y tampoco hay que integrarlo: hay que convivirlo»
Sinopsis
Samira y el Comentador de Córdoba cuenta la historia de dos filósofos españoles de ascendencia árabe. El primero, Ibn Rushd, conocido en el occidente cristiano con el sobrenombre de Averroes, más genéricamente, como el Comentador de Córdoba, debido a sus anotaciones del pensamiento de Aristóteles. A través de su obra, su vida y su conflicto con la ortodoxia almohade nos guía Samira, la joven filósofa y profesora de un instituto público en pleno siglo XXI. Preocupada por la segregación cultural que observa en el centro, Samira pone en marcha un proyecto para tender puentes entre sus alumnos, descubriéndoles la filosofía de Ibn Rushd y, a partir de él, una cultura, la andalusí, que todos tienen en común. Su empeño será puesto en entredicho por un trágico suceso que revelará no solo la fragilidad del bien, sino también los límites de la tolerancia que se ocultan tras el fugaz espejismo de la concordia.

SOBRE EL PROYECTO
Esta obra nace de nuevo de un encuentro entre tiempos y de la reflexión en torno a la figura de Abu-l-Walid Ibn Rushd, más conocido como Averroes: filósofo, juez y médico nacido en la Córdoba del Imperio almorávide. Para Averroes, la filosofía y la religión, entendida esta última como la interpretación filosófica del Corán, son caminos igualmente válidos para acceder a la verdad. Su pensamiento opera siempre en doble foco: lejos de contraponer filosofía y religión, la articulación entre ambas le permite formular ideas decisivas sobre la relación entre cuerpo y alma.
Samira, filósofa de ascendencia árabe y profesora en un instituto público, observa con lucidez la segregación racial presente en su centro. Desde ahí decide poner en marcha un proyecto que tienda puentes entre sus alumnos ofreciéndoles la filosofía de Ibn Rushd y, con ella, la cultura andalusí que de algún modo todos comparten. Si Averroes piensa rompiendo la dicotomía entre cuerpo y mente, es precisamente en esa intersección donde la obra sitúa su punto de partida proponiendo un dispositivo escénico que, desde lo físico, interpela también la razón del espectador.



PRENSA
«Lo que hace que esta obra sea tan demoledora y necesaria es su honestidad brutal. No hay consuelo fácil en las palabras de Samira. El dolor que transmite es palpable y resuena con una verdad que muchos conocemos de primera mano. Resuena en la humillación del interrogatorio policial, cuando un agente le pregunta en qué idioma habla con su padre, como si el árabe fuera en sí mismo una prueba de culpabilidad. Vibra en la terrible escena del “buzón de preguntas”, donde la curiosidad inocente de sus alumnos se revela como un vertedero de prejuicios hirientes: “¿Llegaste a España en barca?”, “¿Tu padre te pegaba por ser mujer?”, “¿En tu iglesia os hablan de matar?”. Estos no son efectismos dramáticos; son el eco de las miradas y las preguntas que enfrentamos a diario, la justificación constante a la que nos vemos sometidos, como si nuestra mera existencia requiriese una explicación»
Mohamed Ahmed Mohamed Mohamed, Contrapunto
